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"La vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos."
José Saramago
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octubre 21, 2011

PADRE NUESTRO- MARIO BENEDETTI


Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
cómo se llega al sur de Río Grande.
Padre nuestro que estás en el exilio
casi nunca te acuerdas de los míos
de todos modos dondequiera que estés
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver las uñas
sucias de la miseria
en agosto de mil novecientos sesenta
ya no sirve pedirte
venga a nos el tu reino
porque tu reino también está aquí abajo
metido en los rencores y en el miedo
en las vacilaciones y en la mugre
en la desilusión y en la modorra
en esta ansia de verte pese a todo
cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria
también alzó su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía
a pensar hágase tu voluntad
sin embargo una vez cada tanto
tu voluntad se mezcla con la mía
la domina
la enciende
la duplica
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuándo creo de veras lo que digo creer
así en tu omniprescencia como en mi soledad
así en la tierra como en el cielo
siempre
estaré más seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora
pero quién sabe
no voy a decidir
que tu poder se haga o se deshaga
tu voluntad igual se está haciendo en el viento
en el Ande de nieve
en el pájaro que fecunda a la pájara
en los cancilleres que murmullan yes sir
en cada mano que se convierte en puño
claro no estoy seguro si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud
dos emblemas que pronto serán la misma cosa
lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro
de cada día y de cada pedacito de día
ayer nos lo quitaste
dánosle hoy
o al menos el derecho de darnos nuestro pan
no sólo el que era símbolo de Algo
sino el de miga y cáscara
el pan nuestro
ya que nos queda pocas esperanzas y deudas
perdónanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza
no nos perdones nunca nuestros créditos
a más tardar mañana
saldremos a cobrar a los fallutos
tangibles y sonrientes forajidos
a los que tienen garras para el arpa
y un panamericano temblor con que se enjugan
la última escupida que cuelga de su rostro
poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros
una vez
por error
perdonamos a nuestros deudores
todavía
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote
como tres mil kilómetros de injurias
como veinte medallas a Somoza
como una sola Guatemala muerta
no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido
ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río
el dólar y su amor contrarrembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia
amén.



Mario Benedetti- Uruguay





julio 19, 2010

DECALOGO MAS UNO PARA ESCRITORES PRINCIPIANTES



I
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III
No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa.
Ni siquiera en el lector hipotético.

V
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII
No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX
No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X
Mientan siempre.

XI
No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."



Juan Carlos Onetti Uruguay, 1909 - 1994


SARA DE IBAÑEZ (1910-1971)


Poeta Uruguaya


ATALAYA


Combate imposible

Hora ciega

Isla en la luz

Isla en la tierra

Isotermia

La muerte

La página vacía

La palabra

Liras

No puedo

Pasión y muerte de la luz

Quisiera abrir mis venas...

Soliloquios del soldado

Trino y uno

Tú, esperando mi sombra

Tú, has vuelto

Tú, por mi pensamiento





HORA CIEGA

Quisiera abrir mis venas bajos los durazneros,
en aquel distraído verano de mi boca.
Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros,
lenta rueda comida por agrias amapolas.

Yo te ignoraba fina colmena vigilante.
Río de mariposas naciendo en mi cintura.
Y apartaba las yemas, el temblor de los álamos,
y el viento que venía con máscara de uvas.

Yo no quise borrarme cuando no te miraba
pero me sostenías, fresca mano de olivo.
Estrella navegante no pude ver tu borda
pero me atravesaste como a un mar distraído.

Ahora te descubro, tan herido extranjero,
paraíso cortado, esfera de mi sangre.
Una hierba de hierro me atraviesa la cara...
sólo ahora mis ojos desheredados se abren.

Ahora que no puedo derruir tu frontera
debajo de mi frente, detrás de mis palabras.
Tocar mi vieja sombra poblada de azahares,
mi ciego corazón perdido en la manzana.

Ahora estoy despierto. Nacen al fin mis ojos
pisados por el humo, agujereando arañas,
duros estratos de algas con muertos veladores
que sin cesar devoran sus raicillas heladas.

Y te cruzo despierto, fiero túnel de ortigas,
remolino de espadas, vómito de la muerte.
Voy asido a las crines de un caballo espinoso
que vuela con ciudades quemadas en el vientre.

Voy despierto, despierto y obediente a mis manos,
con un río de pólvora cuajado en el aliento,
ahora que estoy solo y enemigo del aire,
seco, desarraigado, desnudo, combatiendo.





julio 14, 2010

AMANDA BERENGUER (1924-2010)


POETISA URUGUAYA


LA CARTA

escribo una carta infinita
en la pared ambigua del recipiente
que me contiene
unas veces adentro
otras veces afuera
sin levantar el bolígrafo
escribo una carta infinita








MOMENTO


.......................Por un instante
se han detenido las máquinas
me han abandonado las fuerzas
me he entregado a mi sombra
.......................a la culpa cripta oscura
.......................de ser Amanda escrita
...............................................fatigada entre
................................las letras asfixiantes

...............¿dónde se abren
.......las pulsaciones los ritmos
.............las descargas eléctricas?
la tormenta ronda el cielo
.................... la tierra espera paciente
....la sacudida
.........................y yo aguardo
....un golpe de tiempo.


Amanda Berenguer.

abril 04, 2010

TABARE- LIBRO I (CANTO I)


LIBRO PRIMERO

CANTO PRIMERO


I

El Uruguay y el Plata

Vivían su salvaje primavera;

La sonrisa de Dios de que nacieron

Aun palpita en las aguas y en las selvas;

Aun viste el espinillo

Su amarillo típoy; aun en la hierba

Engendra los vapores temblorosos

Y a la calandria en el ombú despierta;

Aun dibuja misterios

En el mburucuyá de las riberas,

Anuncia el día, y por la tarde enciende

Su último beso en la primera estrella;

Aun alienta en el viento

Que cimbra blandamente las palmeras.

Que remece los juncos de la orilla

Y las hebras del sauce balancea;

Y hasta el río dormido

Baja en el rayo de las lunas llenas,

Para enhebrar diamantes en las olas,

Y resbalar o retorcerse en ellas.

II

Serpiente azul de escamas luminosas

Que, sin dejar sus ignoradas cuevas,

Se enrosca entre las islas, y se arrastra

Sobre el regazo virgen de la América,

El Uruguay arranca a las montañas

Los troncos de sus ceibas

Que, entre espumas e inmensos camalotes

Al río como mar y al mar entrega.

El himno de sus olas

Resbala melodioso en sus arenas,

Mezclando sus solemnes pensamientos

Con el del blanco acorde de la selva;

Y al grito temeroso

Que lanzan en los aires sus tormentas,

Contesta el grito de una raza humana

Que aparece desnuda en las riberas.

Es la raza charrúa

De la que el nombre apenas

Han guardado las hondas y los bosques

Para entregar sus notas al poema;

Nombre que aun reproduce

La tempestad lejana, que se acerca

Formando los fanales del relámpago

Con las pesadas nubes cenicientas.

Es la raza indomable

Que alentó en una tierra

Patria de los amores y las glorias,

Que al Uruguay y al Plata se recuesta;

La patria, cuyo nombre

Es canción en el arpa del poeta,

Grito en el corazón, luz en la aurora,

Fuego en la mente, y en el cielo estrella.

III

La encuentra el pensamiento antes que el hombre

Antiguo la sorprenda,

En lucha con la tierra y con el cielo,

Y en su salvaje libertad envuelta.

Para ella, el horizonte cierra el mundo

Con un muro de piedra;

Tras él duermen las tardes y las lunas;

Tras él la aurora duerme y se despierta,

Cruza el salvaje errante

La soledad de la llanura inmensa

Y el amarillo tigre, como él hosco,

Como él fiero y desnudo, la atraviesa.

El tigre brama; el indio

Contesta en el silbido de su flecha.

¿Dónde va? ¿Qué persigue? Tras su paso,

Sobre ese hermoso suelo, ¿qué nos deja?

¿Para él está formada

Esa encantada tierra

Que a los diáfanos cielos de Diciembre

Les devuelve una flor por cada estrella?

¿Para él sus grandes ríos

Cantando se despeñan

Los himnos inmortales de sus ondas?

¿Qué fue esa raza que Pasó sin huella?

¿Fue el último vestigio

De un mundo en decadencia?

¿Crepúsculo sin día? ¿Noche acaso

Que surgió obscura de la luz eterna?

La eterna lumbre sólo engendra auroras.

La noche, las tinieblas

Son ausencia de luz; la eterna noche

Es sólo del Creador la eterna ausencia.

En esa raza, en su excelso origen

Aun el vestigio queda,

Como el toque de luz amarillento

Que un sol que muere en los espacios deja.

Hay lumbre en esos ojos siemprehuraños,

Fuego que encienden sólo las ideas;

Mas la lumbre se extingue, y una raza

Falta de luz, se extinguirá con ella.

Nacida para el bien, el mal la rinde;

Destinada a la paz, vive en la guerra...

¡Hojas perdidas en su tronco enfermo

El remolino las arrastra enfermas¡

IV

A las tribus lejanas

Convocan las hogueras

Que encendió Caracé sobre las lomas

Como gritos de fuego y de pelea.

Caracé, en cuyo cuerpo

Las heridas se cuentan

Como las manchas en la piel del tigre,

Y por eso le prestan obediencia.

Caracé, en cuyo toldo

Las pieles y sangrientas cabelleras

De los caciques yaros y bohanes

Que tu brazo arrancó, prueban su fuerza;

Que tiene diez mujeres

Que aguzan las espinas de sus flechas,

Y los fuegos encienden de su toldo,

Y el jugo de las plantas le fermentan,

Nadie sabe los fríos

Que ha vivido el cacique; pero cuentan

Que allá en el tiempo de los soles largos,

Al Uruguay llegó, desde la sierra.

Lejana, muy lejana,

Que ve salir el sol, cuando las ceibas

En que hoy anida el águila, sentían

Correr la savia en su primer corteza.

Ya entonces había visto

Cruzar las lunas en las horas lentas;

Pero aun es joven cual si con sus manos

Contar sus fríos Caracé pudiera;

Aun en sus fuertes dedos

Es la maza de piedra

El brazo de la muerte que en las tribus

Derrama el frío que en Ion huesos queda.

V

¿Por qué el vicio cacique

A las turbas congrega,

Toma la maza y apercibe el arco

Que nadie sino él cimbrar intenta?

Por qué bajo sus párpados

Brilla con luz siniestra

La pupila pequeña y prolongada

En que se encienden sus miradas fieras?

¿Acaso los bohanes

La vencida cabeza

Alzan de nuevo, y su guerrera lanza

Del charrúa clavaron en la selva?

¿Acaso al otro lado

Del río como mar, las humaredas

Se ven del indio querandí, y provocan

Del Uruguay la tribu turbulenta?

No: Caracé no teme

Que los indios se atrevan

A encender junto al Hum un solo fuego

Mientras seis lunas a brillar no vuelvan.

Lo que hace que el cacique

Ciña a su frente estrecha

Las plumas de avestruz, y ajuste el ardo,

Y al par del fuego, su mirada encienda,

Es que tendido estaba

En la playa desierta,

Cuando vio que cruzaba por las islas

Del Paraná-Guazú, piragua inmensa.

Que como garza enorme,

Flotaba entre la niebla

Dando a los aires las extrañas alas,

Y volando con rumbo a la ribera.

El Uruguay en vano

Sale a su encuentro y ladra bajo de ella;

En vano, con sus olas encrespadas,

Sus costados airados abofetea;

La nave altiva:

Lanza un grito del cielo que retiembla,

Llega a la costa y, agarrando al río

Por la erizada crin, en él se sienta.

VI

A Caracé el cacique

Han rodeado las tribus más guerreras,

Y entre el espeso matorral del río,

Como banda escondida de luciérnagas,

Los ojos de los indios fosforecen,

Al ver sobre la arena

Cómo descienden de la extraña nave

Los hombres blancos de la raza nueva

Y cómo, dando al viento

Y clavando en el suelo su bandera,

Se agrupan en su torno, y con sus voces

La sorprendida soledad atruenan.

¡Extraños seres! Brillan

A los rayos del sol. Nada recelan.

Y las lomas los miran y el barranco;

Y el Uruguay se empina y los observa,

Y los indios ocultos

Mutuamente se muestran,

Con los brazos desnudos extendidos,

El grupo extraño que al jaral se acerca.

VII

Entre inmenso alarido,

Una lluvia rabiosa de saetas

Parte del matorral, y de salvajes

Un enjambre fantástico tras ellas.

La bola arrojadiza

Silba y choca del blanco en la cabeza,

Cae al sepulcro el español herido

Amortajado en su armadura negra,

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Y los guerreros blancos

Huyen despavoridos por las breñas,

Dejando sangre en la salvaje playa

Y una mujer en la sangrienta arena.

Parece flor de sangre,

Sonrisa de un dolor; es la primera

Gota de llanto que, entre sangre tanta,

Derramó España en nuestra tierra.

Pálida como un lirio,

Sola con vida entre los muertos queda.

Caracé, que a su lado se detiene,

Con avidez salvaje la contempla,

Mientras los rudos golpes

De las hachas de piedra

Del postrado español en la armadura

Y en los cráneos inmóviles resuenan.

VIII

"De los guerreros muertos

Vuestra será la hermosa cabellera:

Su blanca piel ajuste vuestros arcos,

Y sus dientes adornen vuestras tiendas;

Y sus extrañas armas,

Ove brillan como el astro, serán vuestras;

Y los tipoys que sus espaldas cubren

Como las rojas flores a la ceiba.

Caracé sólo quiere

En tu toldo a la blanca prisionera,

Que de su techo encenderá los fuegos,

Los fuegos de] amor y de la guerra".

Tal hablaba el cacique

En sus brazos llevando a Magdalena

Al bosque solitario de los talas

En que el indio formó su madriguera.

IX

Hermanos del dolor, bardos amigos,

Trovadores galanos de mi tierra,

Que me seguís en la jornada obscura

A través del misterio de la selva:

Ensayad en el alma

El acorde otoñal: la noche llega.

El acorde que suena cuando el ave

Vuelve en silencio al nido que la espera;

Y hasta el lirio más pálido del campo

Para dormir en paz su bronce cierra,

Y su perfume virgen

Con el amor de otros perfumes sueña.

Vosotros, los que al paso de la tarde

Inclináis tristemente la cabeza,

Y amáis el cielo cuando en él agita

Su ala tremante la primera estrella;

Calzaos las sandalias

Con que hasta el alma del dolor se llega.

Sí el alma vuestra, oh, bardos!,

Bañada en el Jordán de la tristeza,

Es pura como la última palabra

Que acaso os dijo vuestra madre muerta,

Llegaos en silencio

Al tálamo sangriento de la selva...

Es ya de noche; los rumores lloran...

¡No despertéis a la española enferma
............

Juan Zorrilla De San Martín





febrero 26, 2010

REFLEXIONES SOBRE HUMANIDAD


Comienzo estas líneas con el reproche que me nace desde los huesos y la memoria; e insiste: estoy plagiando. Tal vez se trate, en verdadera literatura, de un pecado grave pero que en nada molesta a un artículo que se proclama periodístico.
Porque todos sabemos que Shakespeare robó temas sin reparar en tierras o épocas. 0, trasladándome a otras estaturas de la inteligencia, recuerdo a Jorge Luis Borges declarando junto a la tumba de Macedonio Fernández sus gozosos plagios de los decires y escritos de aquel hombre que nunca existió, que fue y sigue siendo una broma metafísica. En los casos citados, sin discriminaciones de importancia, los ladrones mejoraron lo robado. Como decía mi amigo inseparable, Anatole France, el plagio queda justificado cuando involucra el asesinato.
Pero esta incertidumbre no suprime ni atenúa la inquietud referida al principio. Estoy sabiendo, sin pruebas, que alguien escribió, no sé cuánto tiempo antes, el artículo en que estoy trabajando. Y para mayor vergüenza, he oído muchas veces y siempre con asco y asombro la frase que me sirve de título: "Reflexiones sobre humanidad".
Si se comenta que el cajero de un banco compró un pasaje de avión para Brasil, reducto inexpugnable al parecer, y se llenó bolsillo y maletín con billetes ajenos, siempre aparece alguien de torcida semisonrisa bondadosa para interpretar:
-Y bueno... Es humano. Ver cada día tanto dinero...
Es humano. Y esto puede aplicarse, y se aplica, a otras hazañas más repugnantes.
Recuerdo de improviso a Zelda Fitzgerald, una vieja amiga. En su infancia /pubertad adoraba a su padre. Cariño que fue retribuido con exageración porque Zelda era muy hermosa. Al fin y al cabo, es humano. Pero papito disfrutó sin castigo y la niña quedó traumada, y mientras pasaron los años, el trauma se hizo locura y fue necesario internarla.
Además, como tanto había pecado por cariño, la Divina Providencia ordenó que fuera quemada viva en el manicomio en que la encerraron. Claro que no era residente solitaria: unas trescientas locas murieron con ella. Se ignora el origen de la demencia de sus compañeras. Sospecho que se trataba de otros actos que, a fin de cuentas, eran humanos.
Estos no pasan de dos recuerdos que llegaron sin ser llamados. Abundan los ejemplos de empresarios, en cada país donde me estén leyendo, que embaulan algunos millones de dólares para dulcificar exilios. Y, según cuentan, se exilian confortados por compañías rubias. Esto, se extiende a excelentísimos presidentes de repúblicas bananeras. Como no me atribuyo la categoría periodística de los boys que mandaron a la nada a un delincuente cómicamente exculpado por el amigo sucesor que él mismo eligió, suspendo por ahora el tema.
Basta, o me satisface, con abrir las páginas de mi periódico para encontrar hasta atosigarse con hechos que, al fin y al cabo, son humanos. Pertenecen al corrupto sentido de la palabra humanidad hoy extendido en el mundo.
Pero, claro, no ha llegado todavía a mancharnos ni a mí ni a usted que me lee.
Los hay notables: un señor que asesina a su madre con una escopeta; en la historia universal de humanidades que pienso escribir queda registrado otro matricidio por causa exculpatoria: otro hijo, otra madre cruel que le sirvió fría la sopa. Es de recordar una familia unida y cristiana que aprovechó la siesta del pater para volarle los sesos. Tal vez se trate aquí de la simple y perdonable práctica de la eutanasia anticipada. Algún día la víctima iba a enfermarse, sufrir y morir.
Otros humanos o humanoides recorrieron aceras una mañana y se toparon con la estremecedora presencia de una mujer tumbada y agonizante. Era un peligro, tal vez se tratara de un caso de lepra, hidrofobia o catarro. De modo que todos apuraron el paso, no por cobardía o indiferencia sino por temor de que los virus le asaltaran encima como un cachorro cariñoso y luego... dócil, humanamente, la señora murió de asfixia.
Y un recuerdo más o menos lejano: en una linda avenida o paseo un hombre cuya identidad dudo que haya sido posible establecer fue arrollado por un automóvil. Tuvo el capricho de quedarse quieto en el suelo y a raíz de esta provocación, (era lo que llaman la hora punta), veintiocho carros pasaron por encima de lo que iba quedando. Nadie se detuvo, nadie llamó a la policía ni a la Cruz Roja o Verde.
Es que los humanos que manejaban los coches habían estado trabajando en sus oficinas. Tal vez, por contagio inevitable que pude ver personalmente, con los zapatos, pies, encima del escritorio. De modo que era humano su deseo de llegar cuanto antes a casita, a la gorda malhumorada de siempre, a la ternura de sus hijitos. De todos modos aquel cadáver apisonado no tenía resurrección, podía ser un ex perro, un bulto olvidado.
Pero me hace pensar en el alguien que, sentado en el pastito contabilizó veintiocho, sin moverse, sin intervenir por poco que pudiera. Tal vez contara, computadora también humana, acaso esperara paciente el final de aquel ejemplo de brutalidad humana, para enterarse de que el veintiocho era un número infalible para la lotería próxima.
Sin embargo todo es calderilla, Pasemos a las pesetas. No se conoce aún el verdadero resultado de la lucha entre argentinos e ingleses, contabilizando en vidas. Los partes de guerra o paz difieren tanto que hacen dudar. Otro aspecto humano. Por lo menos los judíos proclaman haber masacrado unos diez mil libaneses estricta y absolutamente civiles. ¿Y quién ha dudado jamás de palabras o ciertas promesas judaicas?
Por fin, antes de que llegue lo que presiento, debemos aceptar que los cuatro mil millones de vivientes que existen o subexisten o simplemente están en el planeta, molestan. En consecuencia, y como ya fue dicho, las guerras comportan salud y equilibrio con algún centenar de millones de difuntos.
Para dar categoría de actualidad y cultura a este artículo, cito el caso de un noble caballero teutón que deseaba aumentar sus conocimientos mirando y oyendo mediante su televisor la trasmisión de un partido de este Mundial que padezco. Su mujer quería llorar gracias a una película de amor. Había un solo televisor; había una sola mujer. De modo que la frau fue arrojada por la ventana y aterrizó con el deseado llanto y unas cuantas costillas rotas. Así el varón pudo presenciar cómo los argelinos le daban un baile a sus compatriotas. Uber alles.
Y reflexionemos que si la tierra ha iniciado un período de brazos caídos, por algo ajeno a nuestra comprensión será ¿A qué diablos continuar moviéndose? Segundo tras segundo atrasa, por fátiga y desencanto, la tarea que le fue impuesta tantos miles de millones de siglos atrás.

Juan Carlos Onetti

enero 13, 2010

LO INEFABLE


Yo muero extrañamente...no me mata la vida,
No me mata la muerte, no me mata el amor.
Muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habeis sentido núnca el dolor

De un pensamiento inmenso que arraiga en la vida,
Devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Núnca llevasteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?...

cumbre de los martirios!...Llevas eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como un diente feroz!...

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inolvidable!...Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios!


DELMIRA AGUSTINI




enero 03, 2010

SI MURIERA ESTA NOCHE


Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.

Idea Vilariño


diciembre 22, 2009

TABARE- INTRODUCCION

INTRODUCCIÓN

I

Levantaré la losa de una tumba;

E internándome en ella,

Encenderé en el fondo el pensamiento

Que alumbrará la soledad inmensa.

Dadme la lira, y vamos: la de hierro,

La más pesada y negra;

Esa, la de apoyarse en las rodillas,

Y sostenerse con la mano trémula,

Mientras azota el viento temeroso

Que silba en las tormentas,

Y, al golpe del granizo restallando,

Sus acordes difunde en las tinieblas;

La de cantar sentado entre las ruinas

Como el ave agorera;

La que arrojada al fondo del abismo,

Del fondo del abismo nos contesta.

Al desgranarse las potentes notas

De sus heridas cuerdas,

Despertarán los ecos que han dormido

Sueño de siglos en la oscura huesa;

Y formarán la estrofa que revele

Lo que la muerte piensa;

Resurrección de voces extinguidas,

Extraño acorde que en mi mente suena.

II

Vosotros, los que amáis los imposibles,

Los que vivís la vida de la idea;

Los que sabéis de ignotas muchedumbres.

Que los espacios infinitos pueblan,

Y de esos seres que entran en las almas

Y mensajes oscuros les revelan,

Desabrochan las flores en el campo,

Y encienden en el cielo las estrellas;

Los que escucháis quejidos y palabras

En el triste rumor de la hoja seca,

Y algo más que la idea del invierno

Próximo y frío a vuestra mente llega,

Al mirar que los vientos otoñales

Los árboles desnudan, y los dejan

Ateridos, inmóviles, deformes,

Como esqueletos de hermosuras muertas;

Seguidme hasta saber de esas historias

Que el mar y el cielo y el dolor nos cuentan;

Que narran el ombú de nuestras lomas,

El verde canelón de las riberas,

La palma centenaria, el camalote,

E.' ñandubay, los talas y las ceibas:

La historia de la sangre de un desierto,

La triste historia de una raza muerta.

Y vosotros aun más, bardos amigos,

Trovadores galanos de mi tierra,

Vírgenes de mi patria y de mi raza

Que templáis el, laúd de los poetas;

Seguidme juntos a escuchar las notas

De una elegía que en la patria nuestra

El bosque entona cuando queda solo,

Y todo duerme entre sus ramas quietas;

Crecen laureles, hijos de la noche,

Que esperan liras para asirse a ellas,

Allá en la oscuridad en que aun palpita

El grito del desierto y de la selva.

III

¿Extraña y negra noche? ¿Dónde vamos?

¿Es cielo esto o tierra?

¿Es lo de arriba? ¿Lo de abajo? Es lo hondo,

Sin relación, ni espacio, ni barreras.

Sumersión del espíritu en lo obscuro,

Reino de las quimeras,

En que no sabe el pensamiento humano

Si desciende, o asciende, o se despeña,

El caos de la mente que pujante

La inspiración ordena;

Los elementos vagos y dispersos

Que amasa el genio y en la forma encierra.

Notas, palabras, llantos, alaridos.

Plegarias, anatemas.

Formas que pasan, puntos luminosos,

Gérmenes de imposibles existencias:

Vidas absurdas en eterna busca

De cuerpos que no se encuentran,

Días y noches en estrecho abrazo,

Que espacio y tiempo en que vivir esperan;

Líneas fosforescentes y fugaces,

Y que en los ojos quedan

Como estrofas de un himno bosquejado,

O gérmenes de auroras o de estrellas;

Colores que se enfunden y repelen

En inquietud eterna,

Ansias de luz, primeras vibraciones

Que no hayan ritmo, no dan lumbre, y cesan;

Tipos que hubieran sido y no fueron

Y que aún el ser esperan,

Informes creaciones, que se mueven

Con una vida extraña e incompleta.

Proyectos, modelados por el tiempo,

De razas intermedias;

Principios sutilísimos que oscilan

Entre la forma errante y la materia;

Voces que llaman, que interrogan siempre

Sin encontrar respuesta;

Palabras de un idioma indefinible

Que no han hablado las humanas lenguas;

Acordes que, al brotar, rompen el arpa,

Y en los aires revientan

Estridentes, sin ritmo, como notas

De mil puntos dispersos que se encuentran,

Y se abrazan en vano sin fundirse,

Y hasta esa misma repulsión ingénita

Forma armonía, pero rara, absurda,

Música indescriptible, pero inmensa;

Rumor de silenciosas muchedumbres,

Tumultos que se alejan...

Todo se agita en ronda atropellada,

En esta obscuridad que nos rodea;

Todo asalta en tropel al pensamiento,

Que en su seno penetra

A hacer inteligente lo confuso,

A enfrentar lo que huye y se rebela;

A consagrar el ritmo y el sonido

La dulce unión eterna,

La del color y el alma con la línea

De la palabra virgen con la idea.

Todo brota en tropel, al levantarse

La poderosa piedra,

Como bandada de aves que chirriando

Brota del fondo de profunda cueva;

Nube con vida que, cobrando forma

Variables y quiméricas,

Se contrae, se alarga y se revuelve

Por sí misma empujada en las tinieblas.

Allí cuajó en mí mente, obedeciendo

A una atracción secreta

Y entre risas y llantos, y alaridos,

Se alzó la sombra de la raza muerta;

De aquella raza que pasó desnuda

Y errante por mi tierra,

Como el eco de un ruego no escuchado

Que, camino del cielo, el viento lleva.

Tipo soñado, sobre el haz surgido

De la infinita niebla;

En sueño de una noche sin aurora,

Flor que una tumba alimentó en sus grietas;

Cuando veo tu imagen impalpable

Encarnar nuestra América,

Y fundirse en la estrofa transparente,

Darle su vida, y palpitar en ella;

Cuando creo formar el desposorio

De tu ignorada esencia

Con esa forma virgen, que los genios

Para su amor o su dolor encuentran;

Cuando creo infundirte, con mi vida,

El ser de la epopeya

Y legarte a mi patria y a mi gloria

Grande como mi amor y mi impotencia;

El más hábil contacto de las formas

Desvanece tu huella,

Como el contacto de la luz, se apaga

El brillo sin color de las luciérnagas.

Pero te vi. Flotabas en lo obscuro,

Como un jirón de niebla;

Afluían a ti, buscando vida,

Como a su centro acuden las moléculas.

Líneas, colores, notas de un acorde

Disperso, que frenéticas

Se buscaban en ti; palpitaciones

Que en ti buscaban corazón y arterias;

Miradas que luchaban en tus ojos

Por imprimir su huella,

Y lágrimas y anhelos esperanzas

Que en tu alma reclamaban existencia:

Todo lo de la raza: lo inaudito,

Lo que el tiempo dispersa,

Y no cabe en la forma limitada,

Y hace estallar la estrofa que lo encierra.

Ha quedado en mi espíritu tu sombra,

Como en los ojos quedan

Los puntos negros de contornos ígneos

Que deja en ellos una lumbre intensa...

Ah! no, no pasarán, como la nube

Que el agua inmóvil en su faz refleja;

Como esos sueños de la media noche

Que en la mañana ya no se recuerdan:

Yo te ofrezco, oh ensueño de mis días!

La vida de mis cantos, que en la tierra

Vivirán más que yo... ¡Palpita y anda,

Forma imposible de la estirpe muerta!


Juan Zorrilla de San Martín


noviembre 14, 2009

LA NIÑA, EL PRINCIPE Y EL CAFE CON LECHE

La infancia y la adolescencia, esas dos épocas de mi vida que ahora me parecen tan remotas y extrañas como un cuento, ¿me han pertenecido realmente? ¿Fui yo, de veras, aquella niña vivaz y esta jovencita huraña, silenciosa y apasionada que veo en el recuerdo a una luz de sueño? ¿Y fue mi casa esa pequeña casa antigua, blanca, con un gran patio lleno de rosales entre las coles? Mi madre desciende los tres escalones de la puerta del comedor, con su ancho delantal con puntillas, su vestido de muselina clara, el pesado moño sedoso sobre la nuca, y vuelvo a oír su voz aguda:
-¡Susana!
Una cabeza coronada de apretadas trenzas castañas surge entre la maraña de gajos con que una enredadera de caracol millonaria de caprichosas flores retorcidas, protege una especie de túnel abierto entre el muro, guarnecido de hiedras y la balaustrada de la escalerita de madera que baja hacia la quinta:
-¡Estoy aquí, mamá!
-¿Qué haces que no vienes a tomar el café, criatura?
-No puedo, mamá. Me robó el mago Sietededos, y mientras no llegue el Príncipe Afortunado, que ha de libertarme, tengo que seguir presa en esta horrible cueva.
-¡Ven en seguida a tomar tu café, Susana! ¡Ah, Dios mío, esta criatura parece tonta! Las cosas que se le ocurren, y las rarezas que hace. ¿A ver? ¿Ya volviste a sacar la colcha de tu cama para disfrazarte? ¡Y otra vez con mi prendedor de coral y el abanico de Fernanda! ¡En seguidita a dejar todo eso en donde lo sacaste! Y a la mesa, también, en seguida.
En las oscuras pupilas de la niña hay una luz obstinada y una expresión ausente. No la entienden. Ella es una princesa cautiva, con su manto de púrpura, su broche de rubíes y su abanico de plumas de faisán. Sube despacio los escaloncitos carcomidos, arrastrando la cola de raído damasco carmesí, en la que un desgarrón que luego mamá coserá rezongando, enhebra una rizosa hojuela de helecho arrancada de la planta durante la lucha con el hechicero. En su cabecita de siete años retumba el galope del alazán de su caballero que corre a libertarla, y en sus oídos resuena el rumor de las trompetas y los pífanos de la comitiva regia. Pero ella ya no estará en la cueva cuando Afortunado llegue a salvarla y a pedirle su mano. Culpa de mamá. Mamá no comprende y se empeña en que beba su taza de café con leche y se atiborre de tostadas. Los ojos inocentes, abiertos ávidamente al mundo de la fantasía, se llenan de lágrimas. Pero está bueno este aromático café del Brasil, que papá y sus hombres pasaron de contrabando por la frontera de la Mina, es sabrosa esta amarilla manteca traída de la chacra ayer mismo; y el tazón de loza orlado de pimpollos rosados y mariposas doradas que vuelan sobre un pastor y un pastora que se están besando, encanta a Susana, amiga de las cosas bonita.
Todo está muy bien, y Susana empieza a sentir un apetito que le envidiarían las reinas, hartas de arroz con leche y almíbar perfumado de limón. Mamá la mira de reojo, sonríe, y dice, señalando la taza semivacía:
-¿Quieres que vuelva a llenártela hijita?
Y por un rato, en el terrible subterráneo cubierto de un laberinto de enredaderas fragantes, el mago Sietededos y el Príncipe Afortunado fraternizan en el olvido de la princesa que despacha con un apetito absolutamente candoroso y plebeyo su segunda taza de café con leche y la última rebanada de pan casero con manteca amarrilla que pone la garganta suave como una gamuza. A los siete años la imaginación es fácilmente sofocada por el estómago, amo imperioso. Y filosóficamente, Susana, envuelta en su manto real de viejo damasco y el abanico de lentejuelas de oro junto a su platillo, se consuela de la aventura trunca, dando fin, cumplidamente, a la nutritiva merienda.
Sus redondas mejillas echan fuego y le rebrillan los puro ojos que ya se encargará la vida de nublar más adelante, cuando nada pueda consolarla. ¡Ah, muchas veces, después, su plato quedará intacto ante ella, inapetente y melancólica por sus seños desvanecidos y sus esperanzas frustradas!


De Chico Carlo
Juana de Ibarbourou


noviembre 08, 2009

CORAZON CORAZA

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.




Mario Benedetti

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