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"La vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos."
José Saramago
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junio 18, 2010

JOSE SARAMAGO (16/11/1922-18/06/2010)







"El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciéndonos mofas y sacándonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo según lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavía no somos un caso perdido".



"Hay personajes de novela que están más vivos que algunos que andan por allí. (...) ¿Hay alguien más vivo que ellos? O esos personajes de Shakespeare, grandes, pequeños, mediocres, magníficos, que vienen de la literatura pero que también están aquí, vivos, entre nosotros..."

enero 03, 2010

EL PRINCIPITO

CAPITULO II

Pasaba solo mis días, sin encontrar a nadie con quien verdaderamente pudiera hablar, hasta que algo me sucedió hace ya unos seis años, en el desierto de Sahara. Mi motor sufrió una rotura. Como no contaba con mecánico ni pasajeros, no tuve otra opción que la de intentar solo una difícil reparación. Indudablemente era para mí, una cuestión de vida o muerte. El agua que tenía, sólo me alcanzaba para ocho días.

Me recosté sobre la arena, pasando así mi primer noche nada menos que a mil millas de toda región habitada. Me encontraba por cierto, más alejado que un náufrago dentro de una balsa en medio del océano. Inexplicable fue mi sorpresa, cuando al despuntar el día una extraña vocecita me decía casi suplicante:

-Por favor... dibújame un cordero!

-Eh!-exclamé-

-Dibújame un cordero...

Como atravesado por un rayo, de un salto me puse en pie, refregué mis ojos y observé con severa atención. Me encontré frente a un increíble hombrecito que me examinaba gravemente.





Es éste el retrato más acertado que tiempo más tarde logré hacer de él.

Seguramente el modelo, es mucho mas encantador que mi copia. Como ya os dije, las personas grandes me han desalentado de mi carrera de pintor cuando tenía apenas seis años, habiendo sólo aprendido a dibujar las boas cerradas y las boas abiertas.

Continuaba absorto mirando aquélla aparición ya que me encontraba, como les dijera, a mil millas de toda tierra habitada. El hombrecito sin embargo, no me parecía extraviado, ni cansado, ni muerto de sed ni de hambre y menos muerto de miedo. No tenía el aspecto de un niño extraviado.

Al fin pude hablar y entonces dije:

-Pero... qué haces aquí?

Suavemente pero muy serio repitió:

-Por favor... dibújame un cordero...

Cuando el misterio es demasiado grande, es imposible desobedecer. Por ridículo que me pareciera, a tantas millas de una región habitada y en peligro de muerte, tomé de mi bolsillo un papel y un lápiz. Comuniqué al hombrecito, no en el mejor tono, que no sabía dibujar. Me contestó:

-No importa. Dibújame un cordero.

Nunca en mi vida había dibujado un cordero, de manera que decidí rehacer uno de los únicos dibujos que me sentía capaz de realizar. El de la boa cerrada.

Incalculable mi sorpresa, cuando oí al hombrecito responder:

-No! No! No quiero un elefante dentro de una boa. Las boas son sumamente peligrosas y un elefante muy embarazoso. En mi casa, todo es pequeño. Lo que necesito es un cordero. Por favor, dibújamelo.

Entonces dibujé:



El hombrecito miró con atención y luego dijo:

-No lo quiero. Este cordero está muy enfermo. Debes hacer otro.

Mientras dibujaba, mi amigo sonreía amablemente pero con cierta soberbia:

-Ves?... No es un cordero, más bien es un carnero. Tiene cuernos...

Hice nuevamente el dibujo, pero fue rechazado como los anteriores:


-Este es muy viejito; quiero un cordero que viva muchos años.

Ya algo impaciente y apurado por desmontar mi motor, garabateé por último este dibujo:

Le dije:

-Esta es una caja. El cordero que quieres está adentro.

Sorprendido me quedé al comprobar que el rostro de mi joven juez se iluminaba:

-Es exactamente como lo quería! Me pregunto si necesitará mucha hierba este cordero.

-Por qué?

-Porque en mi casa, todo es muy pequeño...

-Seguro que alcanzará. En verdad, te he regalado un cordero bien pequeño.

Mirando el dibujo, con la cabeza inclinada dijo:

-No tan pequeño... Mira! Se ha dormido.

Así fue como conocí al principito.


Antoine de Saint- Exupèry

diciembre 22, 2009

TABARE- INTRODUCCION

INTRODUCCIÓN

I

Levantaré la losa de una tumba;

E internándome en ella,

Encenderé en el fondo el pensamiento

Que alumbrará la soledad inmensa.

Dadme la lira, y vamos: la de hierro,

La más pesada y negra;

Esa, la de apoyarse en las rodillas,

Y sostenerse con la mano trémula,

Mientras azota el viento temeroso

Que silba en las tormentas,

Y, al golpe del granizo restallando,

Sus acordes difunde en las tinieblas;

La de cantar sentado entre las ruinas

Como el ave agorera;

La que arrojada al fondo del abismo,

Del fondo del abismo nos contesta.

Al desgranarse las potentes notas

De sus heridas cuerdas,

Despertarán los ecos que han dormido

Sueño de siglos en la oscura huesa;

Y formarán la estrofa que revele

Lo que la muerte piensa;

Resurrección de voces extinguidas,

Extraño acorde que en mi mente suena.

II

Vosotros, los que amáis los imposibles,

Los que vivís la vida de la idea;

Los que sabéis de ignotas muchedumbres.

Que los espacios infinitos pueblan,

Y de esos seres que entran en las almas

Y mensajes oscuros les revelan,

Desabrochan las flores en el campo,

Y encienden en el cielo las estrellas;

Los que escucháis quejidos y palabras

En el triste rumor de la hoja seca,

Y algo más que la idea del invierno

Próximo y frío a vuestra mente llega,

Al mirar que los vientos otoñales

Los árboles desnudan, y los dejan

Ateridos, inmóviles, deformes,

Como esqueletos de hermosuras muertas;

Seguidme hasta saber de esas historias

Que el mar y el cielo y el dolor nos cuentan;

Que narran el ombú de nuestras lomas,

El verde canelón de las riberas,

La palma centenaria, el camalote,

E.' ñandubay, los talas y las ceibas:

La historia de la sangre de un desierto,

La triste historia de una raza muerta.

Y vosotros aun más, bardos amigos,

Trovadores galanos de mi tierra,

Vírgenes de mi patria y de mi raza

Que templáis el, laúd de los poetas;

Seguidme juntos a escuchar las notas

De una elegía que en la patria nuestra

El bosque entona cuando queda solo,

Y todo duerme entre sus ramas quietas;

Crecen laureles, hijos de la noche,

Que esperan liras para asirse a ellas,

Allá en la oscuridad en que aun palpita

El grito del desierto y de la selva.

III

¿Extraña y negra noche? ¿Dónde vamos?

¿Es cielo esto o tierra?

¿Es lo de arriba? ¿Lo de abajo? Es lo hondo,

Sin relación, ni espacio, ni barreras.

Sumersión del espíritu en lo obscuro,

Reino de las quimeras,

En que no sabe el pensamiento humano

Si desciende, o asciende, o se despeña,

El caos de la mente que pujante

La inspiración ordena;

Los elementos vagos y dispersos

Que amasa el genio y en la forma encierra.

Notas, palabras, llantos, alaridos.

Plegarias, anatemas.

Formas que pasan, puntos luminosos,

Gérmenes de imposibles existencias:

Vidas absurdas en eterna busca

De cuerpos que no se encuentran,

Días y noches en estrecho abrazo,

Que espacio y tiempo en que vivir esperan;

Líneas fosforescentes y fugaces,

Y que en los ojos quedan

Como estrofas de un himno bosquejado,

O gérmenes de auroras o de estrellas;

Colores que se enfunden y repelen

En inquietud eterna,

Ansias de luz, primeras vibraciones

Que no hayan ritmo, no dan lumbre, y cesan;

Tipos que hubieran sido y no fueron

Y que aún el ser esperan,

Informes creaciones, que se mueven

Con una vida extraña e incompleta.

Proyectos, modelados por el tiempo,

De razas intermedias;

Principios sutilísimos que oscilan

Entre la forma errante y la materia;

Voces que llaman, que interrogan siempre

Sin encontrar respuesta;

Palabras de un idioma indefinible

Que no han hablado las humanas lenguas;

Acordes que, al brotar, rompen el arpa,

Y en los aires revientan

Estridentes, sin ritmo, como notas

De mil puntos dispersos que se encuentran,

Y se abrazan en vano sin fundirse,

Y hasta esa misma repulsión ingénita

Forma armonía, pero rara, absurda,

Música indescriptible, pero inmensa;

Rumor de silenciosas muchedumbres,

Tumultos que se alejan...

Todo se agita en ronda atropellada,

En esta obscuridad que nos rodea;

Todo asalta en tropel al pensamiento,

Que en su seno penetra

A hacer inteligente lo confuso,

A enfrentar lo que huye y se rebela;

A consagrar el ritmo y el sonido

La dulce unión eterna,

La del color y el alma con la línea

De la palabra virgen con la idea.

Todo brota en tropel, al levantarse

La poderosa piedra,

Como bandada de aves que chirriando

Brota del fondo de profunda cueva;

Nube con vida que, cobrando forma

Variables y quiméricas,

Se contrae, se alarga y se revuelve

Por sí misma empujada en las tinieblas.

Allí cuajó en mí mente, obedeciendo

A una atracción secreta

Y entre risas y llantos, y alaridos,

Se alzó la sombra de la raza muerta;

De aquella raza que pasó desnuda

Y errante por mi tierra,

Como el eco de un ruego no escuchado

Que, camino del cielo, el viento lleva.

Tipo soñado, sobre el haz surgido

De la infinita niebla;

En sueño de una noche sin aurora,

Flor que una tumba alimentó en sus grietas;

Cuando veo tu imagen impalpable

Encarnar nuestra América,

Y fundirse en la estrofa transparente,

Darle su vida, y palpitar en ella;

Cuando creo formar el desposorio

De tu ignorada esencia

Con esa forma virgen, que los genios

Para su amor o su dolor encuentran;

Cuando creo infundirte, con mi vida,

El ser de la epopeya

Y legarte a mi patria y a mi gloria

Grande como mi amor y mi impotencia;

El más hábil contacto de las formas

Desvanece tu huella,

Como el contacto de la luz, se apaga

El brillo sin color de las luciérnagas.

Pero te vi. Flotabas en lo obscuro,

Como un jirón de niebla;

Afluían a ti, buscando vida,

Como a su centro acuden las moléculas.

Líneas, colores, notas de un acorde

Disperso, que frenéticas

Se buscaban en ti; palpitaciones

Que en ti buscaban corazón y arterias;

Miradas que luchaban en tus ojos

Por imprimir su huella,

Y lágrimas y anhelos esperanzas

Que en tu alma reclamaban existencia:

Todo lo de la raza: lo inaudito,

Lo que el tiempo dispersa,

Y no cabe en la forma limitada,

Y hace estallar la estrofa que lo encierra.

Ha quedado en mi espíritu tu sombra,

Como en los ojos quedan

Los puntos negros de contornos ígneos

Que deja en ellos una lumbre intensa...

Ah! no, no pasarán, como la nube

Que el agua inmóvil en su faz refleja;

Como esos sueños de la media noche

Que en la mañana ya no se recuerdan:

Yo te ofrezco, oh ensueño de mis días!

La vida de mis cantos, que en la tierra

Vivirán más que yo... ¡Palpita y anda,

Forma imposible de la estirpe muerta!


Juan Zorrilla de San Martín


diciembre 11, 2009

LA VISION DE SIR LAUNFAL

El joven y ambicioso caballero Sir Launfal, vestido en brillante armadura y montado en espléndido corcel de guerra, parte de su castillo para buscar el Santo Grial. En su escudo brilla la cruz, símbolo de la benignidad y ternura de Nuestro Salvador, el manso y humilde, pero el corazón del caballero está pleno de orgullo y de soberbio desdén hacia el pobre y el necesitado. Encuentra a un leproso mendigando y, con ceño desdeñoso, le arroja una moneda, como podría tirarse un hueso a un perro hambriento, mas...

El leproso no levantó el oro del polvo;
"Mejor es para mí el mendrugo de un pobre,
mejor su bendición,
aunque abandone su puerta con las manos vacías.
No es verdadera limosna la que cabe en la mano;
quien da por un sentido del deber
da solamente oro sin valor;
mas quien da de su escasa ración,
y da a quien no está al alcance de su vista
-ese hilo de Belleza que todo lo sustenta,
que todo lo penetra y a todo une-
la mano no puede alcanzar toda su limosna,
el corazón extiende sus ansiosas palmas,
pues un dios la acompaña y la hace proveer
al alma que desfallecía en las tinieblas".*

A su regreso, Sir Launfal halla a otro en posesión de su castillo, y es expulsado de su puerta.

Viejo, doblegado, cansado y frágil
regresó de buscar el Santo Grial;
poco caso hizo de la pérdida de su condado;
la cruz ya no adornaba su capa,
mas en lo profundo de su corazón llevaba el signo,
la divisa del sufriente y del pobre.

Nuevamente encuentra al leproso, quien le vuelve a pedir limosna.
Esta vez el caballero responde de forma diferente.

Y Sir Launfal dijo; "Veo en ti
una imagen del Aquel que murió en el madero:
tú también has tenido tu corona de espinas,
has sufrido los golpes y escarnios del mundo,
y a tu vida no fueron negadas
las heridas en manos, pies y costado.
¡Dulce Hijo de María, reconóceme;
mira, a través de él te doy a Ti!"

Una mirada a los ojos del leproso le trae recuerdos y reconocimiento, y...

Su corazón era cenizas y polvo;
partió en dos su único mendrugo,
rompió el hielo en la orilla del arroyuelo,
y le dio al leproso de comer y beber.

Y tiene lugar una transformación:


El leproso ya no estaba acurrucado a su lado,
sino frente a él, glorificado.
......................................................................................

Y la voz que era más queda que el silencio dijo:
"Mira, soy Yo, no temas!
En muchas tierras has agotado
tu vida en vano, buscando el Santo Grial.
¡Ve, está aquí! Esta copa que has llenado
en el arroyuelo para mí;
este mendrugo, es mi cuerpo partido para ti;
esta agua, la sangre que derramé en el madero;
la Santa Cena se realiza, ciertamente,
en lo que compartimos con la necesidad de otro;
no en lo que damos, sino en lo que compartimos;
porque la dádiva sin el dador es estéril;
quien se da con su limosna alimenta a tres:
a sí mismo, a su vecino hambriento y a Mí".

James Russell Lowell
fragmento extraido del Concepto Rosacruz del Cosmos o Cristianismo Místico
de Max Heindel


noviembre 14, 2009

DEL AMOR

EL SABIO

Olvidadas están las glorias
De los intrépidos conquistadores,
Pero ni aún cuando se acabe el tiempo
Olvidaremos a los grandes amores.
En el corazón de un macedonio imaginamos
Un campo de muerte y dolor
Mientras que el corazón de Qais* hallamos
Un venerable templo dedicado al amor.
Y en el triunfo del primero
Sólo Hallamos una derrota ignominiosa,
Mientras que el fracaso del segundo
Se convierte en victoria jubilosa.
Pues el amor sólo en el alma mora,
No en el cuerpo, y como el vino
Debe animar nuestro espíritu
Para recibir el don del Amor Divino.
Y desde el trono impusieron su opresión.

EL JOVEN

En el bosque no hallan rastros
De aquellos que amaron con pasión;
Como reyes rigieron y reinaron
Son nada más que palabras desvaídas
En las páginas de su crimen;
La desbordante pasión, en sazón,
En todo el bosque, reina sublime.


(*Quais: Majnun Laila (el hechizado de Laila), amante ideal para los árabes)
Tomado de La Procesion
Khalil Gibran

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